¿Por qué busco a Dios?

Reconozco que en mi juventud tuve momentos en los que miraba a Dios como el genio de una lámpara mágica; acudía a él cuando necesitaba cualquier favor, prometiéndole que si cumplía lo que yo le pedía, haría algo por Él. A veces mi retribución ofrecida era ir a la misa o rezarle más.

Solía tener esa mentalidad: Si hacía algo para Dios, pensaba que Él quedaba en deuda conmigo. Actualmente veo en Jesús el modelo a seguir sobre una auténtica relación con el Padre. Considero que optar por Dios debe ser sin un interés de retribución.

Al final, amar a Dios es estar siempre optando por obrar bien en favor de los demás, pensar en el bien común y respetar la dignidad propia y del prójimo. Tan sencillo como eso lo veo. Considero que la retribución verdadera, es la satisfacción de saber que se hizo un bien a la persona y que gracias a eso estará mucho mejor.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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