He escuchado entrevistas de artistas famosos como Farruko y Anuel, donde dicen que a pesar de tener aparentemente todo, se sienten vacíos y solos. Anuel comentaba que a veces quisiera volver a aquellos tiempos cuando no tenía dinero y vivía en su barrio donde cualquier pequeñez le satisfacía.
Farruko, durante el tiempo de pandemia le tocó quedarse en la casa de su mamá donde el vivió durante su juventud. Decía que ahora que estaba en ese pequeño cuarto donde habitó durante muchos años de su vida, no podía gozar de su mansión ni de sus carros último modelo. Comentaba que allí se había dado cuenta de lo que verdaderamente valía en la vida.

Son impresionantes estos testimonios porque muchas veces pensamos que tener mucha fama y dinero son las claves para ser felices. Pero hay personas que han alcanzado esos logros y aún así, la abundancia en lo material no les llena el vacío del corazón.
Entonces, ¿Qué puede llenar ese vacío? De manera personal, pienso que la clave está en la proyección hacia los demás sirviendo. El tema es que se tiende a creer que el asunto es al revés, que en la medida que me satisfago en todos los sentidos y placeres posibles, seré pleno.
Me gusta la enseñanza de Jesús, porque se centra en amar sin medida y con acciones concretas, buscar el bien común y siempre tener presente a los que me rodean. Para mí, ser solidario llena más que cualquier placer que pueda reservar para mí. Claro, no quita que es importante también darme mis gustos con cosas que me agraden. Considero que lo material también es bueno y necesario, pero no lo es todo. Considero que la clave es en dónde pongo mi corazón, qué es lo más importante para mí.
Nos dicen por ahí: «Quien no vive para servir no sirve para vivir.» Santa Teresa de Calcuta.
