Salvación gratuita

En un mundo donde se suele esperar siempre algo a cambio por buenas acciones e incluso se ve como algo fuera de lo común que alguien haga algo a nuestro favor simplemente porque así lo quiso, puede ser un poco difícil de asimilar que Dios nos de su salvación gratuitamente.

Pensar que Dios nos obligara a buscarlo y a amarlo sería totalmente contradictorio con su propuesta plasmada en las Sagradas Escrituras. De por sí, pienso que el amor, para que sea auténtico, debe ser una decisión libre. He ahí la importancia de que la decisión de seguir al Señor sea en medio de la libertad y sin condicionamientos. Me gusta que podamos contar con la Sagradas Escrituras que contienen todo el manual de una vida acorde a la Voluntad de Dios. Y todo se resume en el amor a Dios sobre todas las cosas y el amor al prójimo como a sí mismo.

Me gusta que a Dios nadie le gana en generosidad y quiere que hagamos el bien y actuemos siempre acorde al bien común y el bien propio, pero aún cuando estamos en el pecado, nos dice: «no he venido por los justos, sino por los pecadores.» Creo que la clave no está en ser perfecto, pero sí en tener un corazón inclinado a agradarle, enmendar los errores y ofensas que hagamos a otros. Es decir, no ser perfecto, pero luchar por alcanzarla.

Me hace mucho eco esto de la Gratuidad del amor de Dios; que Jesús no nos salva por nuestros propios méritos, sino que simplemente decidió darnos acceso a la Redención. Lo más importante es aprender a vivir como Él, dando también un amor gratuito e incondicional al prójimo.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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