Abrazar la Cruz

Estoy seguro que a todos nos encanta pasarla bien, tener momentos placenteros y gratificantes y en fin, ser felices. Cuando comencé a buscar a Dios, lo hice porque quería dejar de sufrir, ya no quería sentirme solo, es decir que lo buscaba para que me diera paz; y es que es natural que el ser humano no quiera sufrir.

Jesús mismo ha pasado por un camino que a la vez de placentero y ameno, ha tenido trayectos de amargura y dolor extremo. Por ejemplo, lo vemos en las Bodas de Caná, celebrando, seguramente pasándosela muy bien, multiplicando el vino que es signo de alegría y festividad; lo vemos también compartiendo la comida con amigos. Se la pasaba tan bien que le llamaban borracho, glotón y amigo de pecadores. Sin embargo, él vivía en la rectitud de su conciencia y la Voluntad del Padre, sin extremismos. Pero también lo vemos sufriendo cuando muere su amigo Lázaro, cuando ve que por más que intenta reunir al Pueblo de Israel como la gallina con sus pollitos, sus palabras parecen ser en vano y sobre todo, en el calvario pasa por la Pasión y en su crucifixión.

Jesús supo abrazar su cruz y no crean que él estaba feliz al saber que le tocaba llevar esa cruz. La noche en el Huerto de Getsemaní fue la más difícil, porque tuvo una lucha con el Padre, al querer lo opuesto a lo que su Papá Dios había predestinado para Él.. Abrazar la cruz es aceptar vivir experiencias de dolor, de prueba y sufrimiento. Pienso que no es malo pasar momentos difíciles en la vida, aunque a veces no quisiera rehuir al dolor, la angustia, deseando estar siempre bien, cómodos y placenteramente.

Pero es importante saber que en el caso de Jesús, él ha vivido emocionalmente a lo largo de su vida, todas las emociones que nosotros podríamos pasar, desde las más agradables, hasta las más difíciles. Por eso considero que Jesús es el maestro de las emociones.

Avatar de Desconocido

Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

Deja un comentario