He escrito en varias ocasiones artículos relacionados al crecimiento espiritual. Pero creo que el cuidado de la salud física también es un factor que implica amor propio.

Pienso que cuidar lo que como, hacer ejercicios, descansar lo suficiente, también son formas de amar a Dios, pues considero que mi cuerpo es un regalo con el que Él me ha bendecido.
Reconozco que muchas veces he sido descuidado con mi cuidado personal en el aspecto físico, desde los alimentos y raciones que como, hasta el hábito de una vida sedentaria; y comprendo que el cuidado de la salud es algo que requiere disciplina y es gradual en sus procesos.
Escuchaba de aquel nadador olímpico que ha ganado muchos campeonatos: Michael Phelps, a quien le preguntaban: ¿Cuál es la clave para lograr tantos triunfos como lo has hecho? A lo que él respondía: Nado todos los días del año y cuando no tengo ganas, nado aunque sea un poco.
Así que bueno, el amor propio conlleva, desde mi punto de vista, adquirir poco a poco la disciplina de los buenos hábitos para el bienestar físico. En la medida de las posibilidades de cada persona, porque no todos pueden correr treinta minutos al día. Pero el que no puede correr, de pronto puede caminar; y así se adaptan estos hábitos a las capacidades de cada uno.
