Si hay algo que yo considero invaluable, es la paz. Pienso que la paz auténtica trasciende los estados emocionales; yo podría estar triste, enojado, alegre, preocupado o con miedo; sin embargo, en medio de esas emociones, conservar la paz interior. Creo que la paz va más allá de la tranquilidad superficial.

Una de las claves que considero esenciales para tener serenidad es el desapego. No apegarme a nadie, ni a nada. Eso no quiere decir que seré indiferente; claro que disfruto de sanos placeres que me permite la vida y que disfruto de ratos agradables con amistades y con mi familia. Pero para mí es fundamental vivir plenamente todas esas experiencias con desprendimiento y sin dependencia emocional.
Si no ambiciono nada, no tengo de qué estresarme. Si veo la vida como un regalo con cada cosa que me traiga y sin esperar nada, más bien asumirla con sus pros y contras, creo que puedo conservar una serenidad en mi corazón.
He escuchado testimonios de personas que viven con grandes amarguras a causa de alguna decepción con algún amigo, un plan que no salió como se esperaba o simplemente al ver que no tiene la capacidad de controlar todo lo que sucede en su entorno.
Desprendimiento, desapego, aceptación y responsabilidad ante lo que corresponde hacer cada día, pienso que son claves para poder vivir sabiamente y con paz en medio de las circunstancias más difíciles y así también poder disfrutar plenamente de las experiencias más amenas.
Dentro de esta práctica de desprendimiento entra el amor, puesto que considero que el amor no ata, amar no es poseer, sino que es una práctica que fluye con el factor esencial que es la libertad y sin condicionamientos.
