Cuando te das cuenta que alguien te admira inmensamente y considera un gran honor el poder sentarse a tomar un café contigo para sostener una agradable conversación. Cuando te hacen ver detalles agradables de tu personalidad.
Cuando esas dos realidades destruyen tus propios autoconceptos de sentirte poco importante y de no agradarte a ti mismo/a. Es bonito recibir cumplidos de las personas, pero mejor aún es poder reconocer las cosas buenas de uno mismo por cuenta propia; es decir, no depender de las opiniones ajenas a uno.

El amor sincero y puro de la amistad puede ablandar cualquier corazón y es una manera muy recomendable para poder descubrir aspectos de nuestra personalidad y carácter; un amigo te puede ayudar a ver con mayor claridad aquellas virtudes, fortalezas y debilidades que manifiestas.
Creo que el amor propio es un punto de partida clave para tener serenidad, estar bien consigo mismo y con el entorno. El que se valora y reconoce su dignidad, piensa bien sobre cada decisión que toma en la vida; cuida su vida, sus principios y ejerce auto respeto.
Todo lo bueno que pueda proyectar, me es primordial, proyectarlo hacia mí primero, para que a partir de allí, pueda proyectarse a los demás. Un trato amigable, compasivo, auténtico y positivo conmigo mismo, para que así mismo se manifieste a los que me rodean.
Dice Jesús: Amar al prójimo como a ti mismo.
Debes primero amarte a ti mismo, de allí nace el amor a los demás.
