¿Para qué soy Cristiano?

¿No te has preguntado alguna vez el propósito de la vida cristiana? Te confieso que yo desde los 18 años que inicie mi caminar serio en la iglesia, hasta los 30 años tenía un concepto muy diferente al que tengo hoy sobre la fe cristiana. Yo pensaba únicamente en NO PECAR. EN LO QUE ES Y LO QUE NO ES PECADO. Sí, vivía todo el tiempo pensando si estaba en pecado o si no lo estaba.

Creo que por tanto pensar en eso, me perdía de vivir plenamente mi vida. Por ahí dicen: No se trata de no pecar, sino de mucho amar. Cuando escucho esta frase de San Agustín: «Ama y haz lo que quieras». Le encuentro lógica, porque si amo, voy a buscar en todo el bien mío y el bien de los demás. No optaré por dañar a nadie.

Una frase que me llama la atención de Jesús es: «Misericordia quiero y no sacrificios». Por eso ahora, en lugar de tener fijación sobre si estoy o no en pecado, me fijo en cómo esta mi relación con los que me rodean: familiares, amigos, conocidos. Reviso si estoy haciendo algún bien a ellos o lo contrario. Pienso que la palabra amor está tan desgastada que a veces nos olvidamos de la esencia de la misma. Considero que el amor se manifiesta a través de obras concretas, no lo veo como algo de tono romántico, sino más bien lo veo ligado a lo que conlleva sacrificio, responsabilidad, paciencia, solidaridad y el resto de los principios, valores y virtudes humanas puestas en práctica.

Avatar de Desconocido

Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

Deja un comentario