Estoy aquí sentado en una noche tranquila, rodeado de la naturaleza; acordándome de ese Enoc de hace más de 15 años. Me impresiona ver lo mucho que he cambiado. Antes estaba arraigado a muchas cosas efímeras como el deseo de ser famoso y el más querido entre mis amigos, familiares y conocidos.
Sobre todo recuerdo como crecí siendo un muchacho muy reprimido cuando de expresar mis sentimientos se trataba. Tenía un autoestima muy baja y recuerdo que temía a las personas de cierta manera, porque veía a todos como superiores a mi.
Hoy en día pienso: «Cuánto potencial he tenido yo siempre y antes solo me limitaba a ser un simple espectador de la vida de los demás, sin entrar a jugar en el partido de la mía.»
Si me preguntas a mi: ¿Qué frutos pueden surgir de poner a Dios en el centro de tu vida? Yo te diré que muchísimos frutos dará en tu completa existencia, a nivel físico, emocional y espiritual. Hoy yo me siento tan pleno, tan lleno de Dios y con paz en mi corazón, con mucha alegría que quiero compartir. Sobre todo unas ganas inmensas de explotar todo el potencial que Dios me ha dado a través de mis dones y talentos.

Dios no me ha transformado en una persona nueva. Sino que Dios me ha hecho llegar a ser mi auténtico yo. Creo que no hay nada que haga más feliz en esta vida que ser uno mismo, con sus virtudes y defectos, sin tapar nada, solo SER.
Lo único que pido a Dios y que te invito a pedirle cada día es esto: Padre, que se haga tu Voluntad. Pedirle eso a Dios, es pedirle todo lo que necesita el mundo y lo que necesitas tú.
¡Llévatela!
