
Yo viví con miedo durante más de 10 años. Fue algo horrible. Tenía miedo a las personas, a no ser quien los demás esperaban que fuera. Quería destacar, pero vivía estancado en pensamientos de derrota, infravalorándome y esperando que los demás me dieran el valor que yo no me daba.
Qué difícil vivir sin reconocer tu valor como persona. Se vive esclavo de lo que piensen y digan los demás de uno mismo y por lo general se pasa muy mal viviendo así.

El miedo es terrible cuando le permites entrar en tu vida. Pero lo bueno es que el miedo no existe. Solo es tan real como tú le permitas ser. Es como un muro frente a ti, que no te deja avanzar, ocasionando que te estanques y te paralices. Pero ese muro no existe en realidad. Tu mente asume que está allí cuando en realidad no lo está.
Mi recomendación para una persona que vive con miedo: «Seguir viviendo a pesar de tenerlo.» Eso fue lo que yo hice. Llegó el momento de ir profundizando y viendo las heridas personales que tenía, para ir sanando y obtener un concepto real sobre mí, para darme el valor que tengo y que no me daba, dejando así, de depender de la opinión ajena.
Remedios directos para atravesar este muro invisible:
1. Dios: Nos dice Jesús en su Palabra: «No tengan miedo». Dios es el medio para dar calma al espíritu y a la vida de forma plena. Una relación íntima con Él puede serenar tu vida y aprender de su Palabra puede darte las herramientas para amarte más.
2. Ayuda psicológica: Un buen psicólogo puede ayudar a aclarar ideas que solos no podemos asimilar o procesar y salir de autoconceptos falsos y destructivos que te pueden hacer daño y te paralizan.
Hay otras herramientas que nos pueden ayudar, pero te doy esas dos. Puede ser de mucha ayuda la familia cuando tienen la disponibilidad de escucharte y ayudarte. En ocasiones se necesita ayuda psiquiátrica y medicinas por tratarse ya de desequilibrios emocionales a nivel orgánico.
No sé qué estés pasando, pero por mi experiencia te puedo asegurar que: DIOS NO DEFRAUDA. Eso me lo repetía siempre en los momentos más difíciles de mi vida. Te animo a repetirlo cuando estés a punto de darte por vencido, para que con esa convicción te levantes y aunque sea con miedo, tristeza, enojo, angustia y desesperación, puedas seguir adelante.
