El idioma que todos hablan

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Recientemente participé en una actividad preparada para un grupo de niños precisamente en el día del niño. De principio a fin se respiraba un ambiente de alegría, diversión, entretenimiento y vibras positivas corrían de un rincón al otro del salón. Una de las actividades que me correspondió hacer y la cual hice con mucho entusiasmo fue la parte de la animación, saltando y bailando con los niños. Algunos bailaban tal cual se les pedía, otros hacían los movimientos a duras penas y otros casi que ni se movían.

En medio de esos espacios de dinámicas, había oportunidades para interactuar y hablar con ellos, aunque fuera en espacios cortos. Aún así pude notar la apertura de corazón que esos niños tenían para hablar de sus vivencias (desde una caída que uno tuvo paseando al perro, hasta una película que otro vio en el cine con su hermano, la cual le encantó). Yo iba a darle algo a esos niños y ellos terminaron dándome mucho más, con su simple y natural forma de ser. Me enseñaron la belleza del amor auténtico y espontáneo.

Creo que es imposible no reaccionar a un gesto de amor de alguien. Es por eso que siento que el amor es el lenguaje con el que todos podemos comunicarnos, sea del país que sea, hable el idioma que hable; no hay manera de que alguien pueda pasar desapercibido ante un acto auténtico de amor.

¿Te animas a practicar ese lenguaje?

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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