No hay hombre perfecto

Perfecto solo Dios

La perfección se la dejamos a Dios. Nosotros, conformémonos con saber que en medio de nuestra imperfección, podemos construir poco a poco una mejor versión de nosotros. Yo me he sentido tentado a creer que soy perfecto, pero Dios ha permitido que me estrelle en la vida de maneras tan impactantes, que baja mi mente de las nubes a la tierra de un golpe.

No busques ser perfecto, busca hacer lo correcto siendo misericordioso contigo cuando caigas o tropieces. Nuestros errores pueden en ocasiones lastimar a otros, no estamos exentos de herir a personas aún cuando no sea intencionalmente, pero la clave está en aprender de los errores para no cometerlos nuevamente. Si cometes un error, que no sea el mismo que tuviste anteriormente, sino otro que no había sucedido.

Busquemos hacer las cosas bien, y me refiero a todo lo que hacemos, en cualquier lugar, cualquier circunstancia, busquemos hacer siempre lo correcto, es mejor equivocarse tratando de hacer lo correcto, que «equivocarse» malintencionadamente.

Sé luz para los demás, sé la sal del mundo que le de sabor y sentido a la vida de los que te rodean, pero sobre todo que le des sentido a tu propia vida, porque la vida en sí no tiene sentido, tú eres quién se lo debe dar. El sentido de la vida está en proyectarse a los demás en búsqueda del bien común. No creas a los falsos profetas de felicidad que te venden un paraíso en donde solo te concentras en complacerte y darte todas las comodidades sin mover un solo dedo e incluso sin tomar en cuenta al prójimo, eso solo trae soledad, tristeza y desesperación a largo plazo.

Nos dice Jesús: «Ámense unos a otros como yo los he amado». El Señor Jesucristo no vino a imponerte nada, Él solo vino a liberarte de las cadenas del egoísmo para que descubras la verdadera felicidad, que está en amar a los demás sin condiciones, sin reglas, sin límites y sin intereses.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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