Sigo a Dios ¿Se acabó la rumba?

Me parece curioso este pasaje de Jesús diciendo:  Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dijeron: Está endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. Lucas 7, 33-34.

Quiero destacar dos cosas a través de este pasaje bíblico: los lados opuestos.

1. Juan el Bautista que no comía pan ni bebía vino.

2. Jesús que comía y bebía y era amigo de los considerados pecadores e impuros a los ojos de los Maestros de la Ley.

Aquí se ven dos realidades y de ambas se referían como cosas malas, aquellos sacerdotes y fariseos del pueblo de Israel.

A mí esto me enseña que la realidad de lo correcto o incorrecto, lo que agrada a Dios y lo que no, es algo que va más allá de lo que se ve a simple vista, más allá de apariencias o cosas superficiales.

Para mí la vida cristiana se centra en los valores que resaltan la dignidad del ser humano; y con esto me refiero a la propia y la de aquellos con quienes convivimos.

Jesús comía y bebía, sí, pero estaba compartiendo con el prójimo, estaba dando vida. No se habla de violencia, impertinencia, malas intenciones o indiferencia cuando leemos la vida de Jesús o Juan el Bautista.

Para mí es una pérdida de tiempo estar catalogando de pecado o no pecado el tomar licor o bailar música popular. Creo que es ganancia invertir el tiempo en buscar maneras de hacer un bien en el mundo a través del amor traducido en obras concretas para el bien común.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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