Fracasar. ¿Es malo?

Sin mis fracasos no sería quien soy.
Imagen de Myriams-Fotos en Pixabay

¿Acaso tener éxito es el resultado no haber fracasado nunca? Yo creo que no. Considero que tener éxito es el resultado de haber fracasado innumerable cantidad de veces. La diferencia está en si nos rendimos ante tantos fracasos o perseveramos hasta alcanzar el éxito.

Mi infancia y adolescencia, además de momentos muy divertidos y buenos, estuvieron llenas de constantes fracasos en donde pensaba que todo estaba en contra de mí; que nunca lograría aquellas cosas con las que tanto soñaba. Hubo momentos muy felices, pero también hubo muchos momentos de llanto, angustia, miedo, preocupación, frustración y desesperación.

Había ocasiones en las que todo se veía completamente oscuro en mi porvenir y no hallaba ningún rayito de luz. No tenía esperanza. Pero aunque no veía salida en mi realidad, me repetía una y otra vez: «Dios no defrauda». Esta frase me daba aliento para seguir adelante. Pasaron muchos años de mi adolescencia y parte de la adultez, hasta que un día todo comenzó a esclarecerse. La oscuridad se iba desvaneciendo; surgieron muchos rayos de esperanza y todo cambió. Allí fue cuando dije: «Valió la pena». Y era verdad lo que me había repetido en los momentos de desaliento, porque Dios no me había defraudado.

Cuando me hago la pregunta sobre si volviera atrás, ¿quisiera vivir lo mismo que me tocó? La respuesta sería que sí. Porque gracias a las experiencias previas soy la persona que soy, con la madurez y fuerza de espíritu que tengo.

Así que cuando paso por cañadas oscuras, cuando mi barca está que se hunde por la tormenta, me repito: «Dios no defrauda», y sigo adelante sabiendo que el sufrimiento y retos que pase, me harán más fuerte.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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