Es un hombre libre de ataduras

Luis Eduardo lo logró; finalmente es un hombre libre de las ataduras que él mismo había creado, se liberó de las cadenas de los prejuicios, inseguridades, deseos primitivos y del qué dirán. Ahora solamente quiere disfrutar de su nuevo estado de vida sin mirar atrás; enfocado en lo que le espera adelante y feliz por cada momento y experiencia que va enfrentando.

Luis Eduardo dejó de estrellarse contra las olas del mar; ahora aprendió a surfearlas, se ha vuelto un surfista experto y se mueve al ritmo del mar. Ahora deja al río fluir y no le tira piedras a la corriente; se sienta a contemplarla y disfruta de la naturaleza de los acontecimientos de cada día.

Luis Eduardo alcanzó un sueño: la felicidad de ser un hombre realizado interiormente; esta es tu hora Luis E. Se llegó la oportunidad de liberar todo tu potencial y explotar tus talentos, virtudes, carisma y la Gracia con la que tu Padre te bendijo.

Tu alma grita: ¡LIBERTAD! y se regocija en la brisa que acaricia su piel, disfruta la comodidad de la grama sobre la que se recuesta y se toma la divertida tarea de imaginar formas de objetos, personas y animales con las nubes que contempla; así es Luis Eduardo, así es. Lo lograste; pero no fue solo, sino con la ayuda de aquellos que te aman. Por lo tanto, ese corazón agradecido es producto de tantas personas que piensan en ti y constantemente interceden para que alcances tu realización plena.

Luis Eduardo, muy bien, lo lograste. Tu mirada ya no está muerta; ahora tu mirada está llena de vitalidad y eres un hombre nuevo. Sí Luis Eduardo, eres libre al fin.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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