
Michael agradece cada día de su vida, por todas las circunstancias que le acontecen; sea algo bueno, sea algo neutro o algo aparentemente malo, Michael siempre agradece. Las cosas no necesitan tener sentido para él sentirse lleno de gratitud.
Hace poco, Michael perdió a su esposa; su corazón se hizo pedacitos y entró en un período de duelo muy difícil, puesto que ese era el amor de su vida, la amaba como nunca había amado a una mujer. Michael se sentó una tarde en la mecedora de su terraza y guardó silencio. Se detuvo a escuchar su entorno: el canto de las aves, la suave brisa que acariciaba su rostro y el sonido de las ramas de los árboles que se mecían con el viento.
Después de un buen rato de silencio, Michael se dijo a sí mismo: Estoy muy agradecido por todo el tiempo que pude compartir con mi esposa antes de ella partir. Michael encontró un motivo para agradecer, incluso en ese momento tan difícil. Él sabía que ella no iba a volver, pero agradecía todos aquellos momentos que vivieron juntos y el amor que se manifestaron el uno al otro. Todo aquello había quedado impreso en su memoria y esto mantendría viva a su esposa en el corazón.

Michael me dijo en una ocasión: Hay situaciones en la vida que no podemos controlar, se salen de nuestras manos; y cuando pasan situaciones muy difíciles como la pérdida de un ser querido, nos comenzamos a preguntar: ¿Qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes? ¿pude haberlo evitado? Y este tipo de preguntas lo único que hacen es prolongar e intensificar el dolor. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que las cosas de fuerza mayor pasan porque así tenía que ser. La vida muchas veces no tendrá sentido para nosotros, pero es la vida y en ella sucede hasta lo menos pensado.
La vida no tiene sentido, pero el sentido se lo da uno mismo con la actitud que adopte ante ella.
Michael continuó agradeciendo cada día, por las situaciones que iban sucediendo en su vida, desde las más hermosas, hasta las más difíciles, porque él sabía que todo tenía su razón de ser aunque él no lo entendiera en algunas ocasiones.
«Todo lo permite Dios para el bien de los que lo aman.» Romanos 8, 28.
