Hago la salvedad que esta es una historia ficticia con el fin de enseñar de forma entretenida, una teoría que aprendí de un profesor de Corrientes Filosóficas.

Mi querido Aristóteles,
Eres el alumno más destacado que he tenido y hoy quiero darte un consejo edificante que será de necesario uso durante muchos debates que vayas a encarar. Solo recuerda, mi querido alumno, que cuando tengas un argumento que defender, debes tener pruebas y bases sólidas que lo respalden. De lo contrario, será una pérdida de tiempo y un vano esfuerzo.
Primero que nada: cuando te enfrentas en una discusión con otra persona que defiende una opinión contraria a la tuya; ten presente que al igual que tú, esa persona también tiene (o más bien debería tener) fundamentos sólidos que respaldan su argumento. El centro de atención siempre será el tema en discusión, nunca te vayas al campo personal atacando verbalmente a la persona.
Cualquier refutación que vayas a hacer, debe ser hacia el tema y no a tu contraparte. Por ejemplo, la otra parte puede decir: en el período de invierno, cuando hace un sol implacable en la mañana, es señal de que va a llover en la tarde. Por otro lado, tu dirás: No es así, no siempre que haya un sol implacable en la mañana, será señal de que va a llover en la tarde.
El tema central es: el pronóstico climático de lluvia condicionado por el clima soleado en la mañana. Todo esto en el período de invierno.
La contraparte defiende a favor de la teoría y tú en contra. Acompañado del argumento, cada uno presentará las pruebas teóricas que respaldan lo planteado.

Reitero: se vale pelear por tu argumento, sin entrar nunca en el campo personal. Si el contrario termina estando en desacuerdo con tu teoría, no puedes decirle ignorante, inútil o cualquier otro denominativo. Puesto que tanto él, como tú son libres de creer lo que decidan creer.
Ahora bien, ¿cómo puedes sacar provecho de esa discusión? Teniendo claridad sobre la finalidad de una discusión entre partes opuestas.
Te diré primero cuál no es el propósito de aquel debate:
El propósito no es convencer a la otra persona, ni imponerle tu idea; mucho menos es el propósito, decirle que está equivocada.
Ahora te diré cuál es el verdadero propósito, que teniéndolo claro, te servirá para sacar el verdadero provecho de aquello:
El propósito es simplemente presentar sus argumentos contrarios para que escuchando una perspectiva diferente a la tuya, puedas enriquecerte con lo que te sirva de la contraparte y viceversa. Tal vez, no cambies tu opinión, pero algo (aunque sea muy pequeño) aprenderás del punto de vista de otro debatiente. Fuera de eso, lo que no te sea de utilidad, lo desechas.
Mi querido Aristóteles, como conclusión te puedo decir que cuando defiendas tu verdad, pelea por ella. Pero pelea sin ofender ni lastimar a quien se opone a tu teoría. Nunca pierdas de vista el tema central.
Tu maestro,
Platón.
