
Amar es un compromiso muy grande, pero ¡qué grande! Es común escuchar hablar sobre el amor a los demás, lo cual es sumamente importante para una vida armoniosa. Sin embargo, antes que eso existe la decisión de amarse a sí mismo.
La pregunta del momento es: ¿Me amo? ¿Así como soy, con lo que forma parte de mi vida, aspecto, personalidad, fisiología y todo lo que me conforma? Tal vez, para llegar a esa respuesta, haya que estar claro sobre la identidad propia: ¿Quién soy?
En el ejercicio de buscar la respuesta sobre quién soy, hay que sumergirse en un viaje hacia las profundidades del propio interior. Me lo figuro como bucear hasta lo profundo del mar, hasta llegar a un punto en donde no llegue la luz del sol; todo es oscuridad, hay silencio total. Te encuentras en medio del océano, tan abajo que no ves nada. Miras a tu alrededor y no percibes el mínimo movimiento. En ese momento no queda más que guardar silencio, acallar la mente, respirar lentamente a través del tanque de oxígeno, serenar el cuerpo, la mente y el alma.
Vienen a la mente recuerdos de todo tipo. Entre ellos, retazos de la niñez y juventud, recuerdos gratos y otros no mucho. Hay una enorme base de datos dentro de ti, y van pasando frente a ti diferentes archivos al azar. No te detienes en ninguno de esos recuerdos, solamente dejas a tu mente fluir y trasladarse de un pensamiento a otro; la dejas hacer su trabajo sin interrupciones.

Algunos pensamientos te provocan fijar la atención, sin embargo, no lo haces. Los dejas seguir fluyendo con naturalidad. Los pensamientos siguen su rumbo; van y vienen, vienen y van. Tú estás tranquilo, estás en paz. Nada te perturba, ni los pensamientos más descabellados que puedan aparecer ante ti, porque sabes que no son más que simples pensamientos e ideas.
Así debe transcurrir el tiempo indefinidamente, hasta que aquel ser va llegando a empatizar con el funcionamiento de su organismo, de quién es él. No está luchando contra lo que piensa o lo que manifiesta dentro de su naturaleza. Simplemente lo está dejando ser y existir.
Solo de esta manera, puede comprender poco a poco quién es él, contemplándose sin forcejeos ni interrupciones a su naturaleza. En la medida que se va contemplando fluidamente, va descubriendo su esencia; su ir y venir y por lo tanto, conociéndose a sí mismo. Se dice: Este soy yo, así pienso.
Después de haber visto el panorama completo, tendrá las herramientas para responder con objetividad: ¿Me amo? Y esa respuesta, determinará su felicidad.
