¡Brother, qué gran Dragón!

El Dragón durmiente

Desde chiquito veía a lo lejos, desde la ventana de mi casa, un gran Dragón durmiendo; me preguntaba por qué siempre estaba dormido. Mi hermano me decía que justo cuando yo me acostaba a dormir, el Dragón se levantaba y volaba alrededor del mundo; por lo que cuando yo despertaba, ya el Dragón estaba durmiendo profundamente por lo agotador que era su viaje.

Al principio yo no le creía, pues me decía a mí mismo: qué casualidad que el Dragón se levanta justo cuando yo me duermo, ¿Cómo sabe cuándo me voy a dormir para así despertarse? o ¿Cómo sabe cuando voy a despertar para así dormirse?

Pero cada vez que volvía a preguntar a mi hermano, me respondía con mucha seguridad lo mismo. Así que, con el tiempo me convencí de que lo que él me afirmaba, era cierto. No sabía cómo podía suceder eso, pero si lo decía mi hermano, tenía que ser así.

Pasaron los años y fui creciendo; me acostumbré tanto al Dragón en el horizonte, a través de mi ventana que hasta lo pasaba por alto cuando me asomaba.

Me gradué de la escuela, universidad y me hice un gran profesional en negocios internacionales. Un día, resolví dar un giro a mi vida, por lo que decidí hacer una peregrinación. Renunciaría a todo para ir a ver al dragón del horizonte y corroborar la veracidad de su existencia.

Dejé todas mis seguridades atrás y llevando únicamente lo esencial en una mochila, comencé mi peregrinación para conocer a ese Dragón.

Fueron treinta y cinco largos años de recorrido, llenos de infinidad de experiencias, dificultades, sorpresas y cosas maravillosas encontradas en el camino.

La verdad del Dragón

Cuando llegué al sitio donde se encontraba el Dragón, era una llanura rodeada de siembras de trigo dorado como el sol. Había un hermoso atardecer y la brisa era tan fresca que relajaba mis sentidos. Allí estaba frente a mí, el Dragón aparentemente dormido. Me acerqué con temor para verificar que estuviera vivo. Pero me sorprendí al descubrir que aquel Dragón no era más que una gigantesca escultura de piedra. Al comienzo fue un golpe para mis emociones y recuerdos, puesto que crecí con la ilusión de su existencia y sus aventuras por el mundo; después me senté y comenzó a surgir el sentido común: Claro era ilógico que hubiera tanta coincidencia entre mi dormir y su despertar; pero como un niño no mide a veces lo real de lo irracional con el fin de dar vida a las fantasías a las que se aferra, no era difícil creer en algo así. Me pregunté: ¿por qué mi hermano me diría aquella afirmación con tanta seguridad, si al final no era cierta?

Lo siguiente que decidí hacer fue regresar a mi casa y preguntar a mi hermano sobre aquella afirmación irreal que tanto me había hecho. Descansé esa noche y en la mañana siguiente comencé mi recorrido de retorno pero, al instante se abrió un portal frente a mí; me pareció algo extraño no obstante, mi cuerpo reaccionó de forma instintiva y entré en ese extraño portal. De pronto, aparecí en mi casa sin entender cómo había pasado aquello. Luego me apresuré a buscar a mi hermano para preguntarle sobre el dragón.

Yo: ¡Brother! Te estaba buscando.

Brother: ¿Qué tal hermanito? ¿En qué te puedo ayudar?

Yo: Fui a ver al Dragón Rojo dormido. Hermano, descubrí que lo que me decías de aquel Dragón no era cierto. El Dragón no es real, sino que es una gigantesca escultura de piedra. ¿Por qué me dijiste siempre esas historias ficticias sobre aquel Dragón?

Brother: Mi querido hermanito. Escucho lo que me cuentas y estoy igual de sorprendido que tú con la noticia. Mi papá, me contó siempre la misma historia que yo te dije a ti. Es por eso que te lo decía con tanta certeza. Porque creí en esa verdad. Sin embargo, a diferencia de mí, tú sí has decidido ir a comprobar por tu cuenta la veracidad de aquella teoría. Gracias porque me has revelado una verdad que ignoraba.

Y así descubrí cómo la ignorancia podría ser mi eterna compañera si no dejaba emerger la curiosidad para encontrar la verdad detrás de los mitos.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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