Los que saben

Pepito tenía la convicción de que los demás sabían más que él y que siempre sería así. Escuchaba a estudiantes brillantes responder a preguntas que planteaban los profesores y argumentaban con tanta seguridad lo que decían, además de que sus respuestas eran correctas.

Pepito consideraba que aprendía mucho de toda aquella información que iba recibiendo, pero había cierta reserva y timidez de expresar el conocimiento adquirido debido a que dudaba de que supiera exteriorizar su conocimiento.

Un día, un profesor se acerca a Pepito en el recreo, el cual se encontraba sentado en una esquina muy meditativo y le preguntó: Pepito, ¿Qué haces aquí tan solitario y pensativo? ¿Hay algo que te inquiete?; Pepito respondió: Profesor, es que me siento inútil. Mis compañeros explican las cosas con mucha brillantez y se ve la certeza en lo que dicen; pero por otro lado yo, creo que sé las respuestas pero, pienso que podría equivocarme y no saber como manifestarlas.

El profesor lo miró con ternura por un momento y le dijo: Pepito, comprendo lo que me dices pues, yo también pasé por esa experiencia cuando tenía tu edad. Lo que te puedo aconsejar desde mi experiencia es: Lánzate; habla; si sabes que tienes la respuesta a un cuestionamiento, no lo pienses y contéstala. La única manera de romper esa barrera que tu pensamiento te impone, es actuando más rápido que el pensamiento de duda. Antes que aparezca el temor, ya tu respondiste.

La mejor manera de saber si una naranja está dulce es probándola; la manera de saber si el agua de la piscina está fría es tocándola, la única manera de hacer saber a la profesora que tienes la respuesta, es dándola.

Pepito quedó muy satisfecho y contento con el consejo del profesor y se fue a jugar con sus amigos. Cuando terminó el recreo y regresaron a clase, pensó en poner en práctica lo que el profesor le había comentado y decidió actuar antes de que se impusiera el miedo a equivocarse.

A la primera pregunta de la profesora; Pepito que tenía la respuesta alzó la mano y explicó la respuesta. En efecto, estaba correcto en lo que dijo. La profesora lo felicitó y siguió con la clase.

Así descubrió Pepito que a veces el miedo puede ser un obstáculo para alcanzar el éxito. Por lo tanto, tenía que actuar antes que el mucho pensar se lo impidiera.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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