
Uy señores, el precio de la mentira es impagable. Para sostener una mentira se necesita otra mentira y así se va consecutivamente hasta que la suma de todas estas, se transforman en un yugo imposible de cargar, terminando por derrumbarse todo el cerro de falsedades y ridiculizando a quien lo construyó, puesto que queda totalmente al descubierto.
Qué vergonzoso es ver a alguien que no puede responder directamente a una pregunta que cuestiona su integridad, cuando este ha roto todas las reglas morales y éticas existentes. Le preguntas si es culpable de un hecho específico y te responde que el cielo está estrellado.

No se puede sostener la mentira permanentemente, la verdad siempre sale a la luz. Por lo tanto, vivir en el engaño a sí mismo y a los de alrededor puede causar una angustia e hipocresía inacabable. ¿No parece mejor vivir en la verdad? Para así tener paz en la conciencia y no tener que ponerse creativo con inventos de historias ficticias para encubrir una culpa.
Ay amigos, que triste es ver a una persona que ha perdido toda su credibilidad y que se traiciona incluso a sí mismo, pasando por encima y pisoteando su propia dignidad. Dios nos ampare de caer en las redes de la farsa.
Nada mejor que la paz de una conciencia tranquila, fiel a los principios y valores humanos, centrada en el amor, la caridad y el sentido de la responsabilidad ante todo.
