Aprender a soltar

Suelta el pasado, suelta el futuro. Sujeta el presente que es todo lo que tienes; la vida te puede traer momentos de altura, momentos de bajeza y momentos de neutralidad. Cada momento ha de ser recibido y vivido, puesto que es el presente que tenemos.

Un día, recibimos las ganas de simplemente descansar al llegar a casa; y si puedes hacerlo, ¿por qué no?; otros días recibimos el ánimo para dar continuidad a la rutina semanal de ejercicios, aprovecha esa energía para llevarla a cabo. De pronto, recibimos en otra ocasión, el deseo de seguir leyendo ese buen libro; no desaproveches la oportunidad.

En fin, lo importante es saber que la primera persona a la que debes amar y escuchar es a ti mismo. A partir de ese amor propio, tendrás la facilidad de proyectarte serena y amigablemente a las personas en tu entorno.

En medio de la práctica del amor a ti mismo, está el cumplimiento de responsabilidades irrevocables; y así como se procura la escucha a sí mismo, ha de existir la exigencia propia cuando se trata de cumplir con las responsabilidades que corresponda ejercer. Hay deberes que no son negociables puesto que están establecidos para que los llevemos a cabo.

Amarte también es cuidarte y exigirte cuando se requiere. No deberíamos caer en la auto complacencia irresponsable, ni en la exigencia punitiva innecesaria. Todo se trata de equilibrio en la vida. Ningún extremo es bueno.

Encuentra tu centro, tu balance, tu estabilidad emocional y espiritual. Y la gran noticia: Dios está contigo, ¿Qué puede haber en tu contra que te detenga? Yo diría que nada.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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