«¡Estás descalificado!», decía la profesora de natación a Tommy por arrancar antes de tiempo la carrera. «Pero ¡¿por qué profesora?! si yo no fui el que arrancó antes, sino que ellos fueron los que se retrasaron en comenzar».
Tommy tenía la costumbre de justificar sus fallas afirmando que él no era quien se equivocaba, sino que siempre eran los demás. Había arraigado en él un sentido de perfección y cero margen de equivocación en todo lo que hacía o decía. Si una persona podía ser perfeccionista, Tommy era tres veces más perfeccionista que ella, porque nadie le podía ganar en lo intachable, pensaba él.

Tommy era hijo único y vivía solo con su mamá llamada Teresa; su padre había fallecido a causa de una grave enfermedad. La madre de Tommy trabajaba arduamente haciendo limpieza en distintos hogares y comercios para que le rindiera el dinero y poder sufragar los gastos de los estudios de su hijo, además de lo referente al hogar.
Una noche, se encontraban Tommy y su madre cenando en casa. Tommy se notaba muy ensimismado, comiendo y mirando solamente a su plato, sin entablar ningún tipo de conversación. Su madre percibió que algo estaba pasando con su hijo quien parecía intranquilo y le preguntó: «Mi amor, ¿te pasa algo?», a lo que Tommy respondió: «No mamá, no me pasa nada.» Pero ella insistió: «A cualquier otra persona puedes engañar, pero sabes que a mí no, pues sé que algo está pasando por esa cabecita. Dime qué sucede mi amor».
Tommy soltó los cubiertos, guardó un momento de silencio, suspiró profundamente y resolvió soltar aquello que le inquietaba. Le dijo a su madre: «Mamá, estoy un poco frustrado. Sabes que soy un chico muy exigente conmigo mismo y soy amante de la perfección. No me gustan las cosas mediocres y cuando voy a hacer algo tengo que hacerlo lo mejor posible o si no me enojo conmigo mismo y me vuelvo auto punitivo. Me resuena en mi cabeza esto que varias veces me ha dicho mi profesora de natación cuando voy a comenzar una carrera con los chicos de mi grupo: ¡ESTÁS DESCALIFICADO! Mamá, yo no tengo la culpa que los chicos nunca sepan salir a tiempo, que siempre se retrasen. Me hacen ver que yo soy el que estoy mal y no se dan cuenta que son ellos los que están errados, la profesora está errada. ¿Por qué no me quieren entender mamá?
Teresa, su madre se quedó mirándolo con ternura, su mirada a su hijo era de comprensión y Tommy sabía que lo que fuera a decirle su madre sería para su bien. Luego de un momento de mirada contemplativa, su mamá le dijo: «Tommy, hijo mío, me recuerdas tanto a tu padre. Siempre exigiéndose perfección en todos los aspectos de su vida. Mi corazón, un personaje de la historia llamado Voltaire decía: «Lo perfecto es enemigo de lo bueno». Me parece muy bueno que siempre procures hacer todo bien en cuanto a tus responsabilidades, sin embargo, no te sobre exijas con eso; el ego y el orgullo pueden hacer mucho daño cuando dominan en la vida. El que es en extremo orgulloso, no ve error en sí ni en su actuar; siempre tiene la razón y los demás son quienes se equivocan. Sin embargo, hay una virtud que vence al orgullo. Esta virtud es la humildad, reconocer nuestra humanidad. Ser consciente de lo bueno, pero también de las fragilidades que son propias de todo ser humano. Cuando uno reconoce que no es perfecto, que puede equivocarse y que eso es parte de su humanidad, se abre a contemplar un nuevo panorama de vida en el que las cosas no giran en torno a sí mismo, sino que la mirada se extiende a los que te rodean y a sus realidades y necesidades. Es así como podemos llegar a entender que los demás también pueden tener razón y que nosotros también nos podemos equivocar.
Tommy, eres un ser humano. No siempre vas a tener la razón y es importante quitarte esa insoportable carga de la perfección de tus hombros. Procura hacer las cosas bien, pero no te Auto Descalifiques si las cosas no salen perfectas.
Tommy estaba muy atento a todo lo que decía su madre, no quitaba su mirada de ella y lágrimas salían de sus ojos mientras la escuchaba en silencio.
Aquella noche Tommy entendió que más allá de lo que le dijera su profesora de natación, era él quien principalmente se decía a diario: ¡ESTÁS DESCALIFICADO!
Muy internamente Tommy se dijo estas palabras a sí mismo: «Tommy, estás calificado para acertar, para fallar, para volver a intentarlo y para reconocer cuando cometes un error. Estás calificado para perdonarte y perdonar. Tommy, estás calificado para amarte y para amar.
