¿Qué es la resiliencia? Me preguntaba alguien.
Bueno para mí, resiliencia es una mezcla entre resistencia y flexibilidad. Decía un reconocido psiquiatra.
Yo considero que resiliencia representa lo siguiente: Si cometo un error, no me castigaré por eso. Mañana volveré a intentarlo y seré paciente conmigo mismo en el proceso. Decía un conferencista de fama internacional.
Desde mi experiencia, defino resiliencia con esta analogía: Soy yo, parado firme frente a una serie de muros que vienen hacia mí, se estrellan contra mi cuerpo hasta desmoronarse uno tras otro; no paran de venir y golpearme. Yo sigo allí parado, recibiendo esos duros impactos, me sale sangre, lloro, por momentos quiero rendirme, tirar la toalla, empiezo a desear con ansias que mi vida acabe. Pero me repito una y otra vez, «DIOS NUNCA DEFRAUDA». Esa frase me ayuda a permanecer de pie a pesar de las duras colisiones.
En un momento dado, observo mi cuerpo y descubro que está mucho más robusto, me he vuelto fuerte a causa de haberme mantenido firme golpe tras golpe. Ahora uso mis puños para romper los muros que siguen viniendo hacia mí, enfrento esas barreras que se me continúan atravesando. He aprendido a agarrarle el ritmo a aquella dificultad. Cada vez se me hace más práctico el dominio de las circunstancias. Después de un tiempo de ir derrumbando esas barreras, dejan de venir.

Ya no hay muros, puedo descansar. Me he dado cuenta que ese difícil período me ha hecho un hombre increíblemente fuerte, ágil y habilidoso. Ahora no se trata de esperar a que vengan los muros; sino que soy yo quien comienza a caminar hacia ellos y en la medida que voy encontrándolos, con un semblante diferente (de pasión, entusiasmo y vitalidad) voy derrumbando uno tras otro, rumbo a la meta de mi realización, con la frente en alto y confiando plenamente en mi frase favorita: DIOS NUNCA DEFRAUDA.
Respiro profundo, hace tiempo que no lo hacía. Puedo sentir con intensidad el aire que entra a mis pulmones, finalmente me siento plenamente vivo.
Era verdad: El Señor nunca me falló.
Es duro pasar por la tormenta y las tempestades, tan difícil que a veces acabar con la propia vida parece una vía de liberación y descanso. Pero para el que soporta aquel caos hasta que llega la serenidad, alcanza un estado de paz que te hace decir: ¡VALIÓ LA PENA!
Para mí, eso ha sido la resiliencia: Ver las dificultades como un viático hacia la vida plena.
