
¿Quién afirma que hay que estar siempre sonriente y de buen humor? ¿Por qué obligarme a estarlo en aquellas ocasiones en las que pueda estar triste o simplemente serio ante las circunstancias de la vida?
A mi criterio, ¿quién tiene que estar siempre sonriente y de buen humor en situaciones específicas?: el payaso, porque su tarea es la de entretener a las personas que se encuentran a su alrededor.
Pero yo no soy un payaso, por lo tanto, no tengo la obligación de estar siempre alegre. Ahora bien, claro que disfruto estando alegre, de buen humor y haciendo reír a los demás. Sin embargo, no me puedo comprometer a tener permanentemente la etiqueta de la risa.
Creo que la vida no se trata de parecer que estás siempre contento, sino que se trata de ser auténtico. Auténtico en mi alegría; auténtico en mi tristeza; auténtico en mi enojo; auténtico en mi contemplación; auténtico en mi preocupación; auténtico en mi ternura; auténtico en mi miedo; auténtico en mi seriedad; auténtico en mi reflexión y auténtico en mi ansiedad.
Mi sentido de humor no es una condición de vida, sino que es producto de cómo me siento en determinado momento. Ahora bien, si me preguntas: yo la mayor parte del tiempo estoy alegre, no siempre, pero gran parte del tiempo. Porque amo mi vida, amo a Dios, amo las circunstancias que me tocan vivir, sean cuales sean. Eso es otro tema, pero acepto que en ocasiones he tenido un ánimo que roza con el suelo de lo bajo que está.
Aún así soy feliz, porque no defino felicidad como alegría, sino como estado de serenidad y paz interior en medio de cualquier ámbito emocional en el que me encuentre. La felicidad para mí es diferente a la alegría, puesto que la alegría es algo temporal. Pero la felicidad puede permanecer en medio de cualquier circunstancia que esté experimentando en mi ser. Es algo mucho más profundo que cualquier sensación emocional.
Bueno, mi consejo para mí y para ti: No te impongas la complicada tarea de sonreír siempre o estar siempre de buen humor. Permítete sentir las emociones que se vayan manifestando a lo largo de tu vida. Eso sí, acuérdate que puedes ser feliz en medio de cualquiera de esas circunstancias, teniendo presente algo vital: DIOS NUNCA DEFRAUDA. Dios te acompaña en cada proceso de vida que enfrentas.
