Remordimiento Moral

¿No te pasa en ocasiones, que haces algo lo cual en el momento ves como correcto. Pero después lo analizas y dices: «Hijole, creo que eso no estuvo bien.»

En mi trabajo suelo ser muy paciente y sereno para sobrellevar los retos y circunstancias que se puedan presentar. Sin embargo, a veces, esa paciencia se desvanece ante ciertas circunstancias inesperadas que ocurren en la cotidianidad de la jornada.

De pronto algo sale mal; tiende uno a buscar culpables y a veces toca aceptar la culpa propia. Pero, en aquellos momentos en los que me parece que alguien de pronto se sobrepasa con una acción conflictiva, la serenidad se ve tentada a desaparecer y pueden surgir reacciones irritables. En esos momentos todo pasa hasta que se bajan los humos. Luego, cuando regresa la calma, empieza la mente a trabajar: uf, creo que me pasé, no debí decir esto o aquello. El remordimiento moral comienza a surgir y llega el momento de aceptar que me equivoqué y si es necesario pedir perdón o incluso perdonarme a mí mismo.

En mi vida, considero sumamente importante tener claridad que a veces me equivocaré. Pero las equivocaciones que cometo, me serán de utilidad si soy humilde para reconocer mi humanidad y fragilidad. Si asumiera que soy perfecto, me llenaría de orgullo y los errores, lo único que ocasionarían sería irritabilidad de mi parte y negación.

Qué grande y necesaria es la virtud de la humildad, para que los fracasos, en lugar de estancarme, se conviertan en escalones para ir mejorando cada día en mi desempeño y en la práctica del amor, la verdad y la justicia.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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