Cuando la Ira te Quiere Vencer

¿No te ha pasado que de pronto topas con personas que parecen expertas en poner a prueba tu paciencia?

Mi tío, quien maneja una empresa, en una ocasión me hablaba sobre qué es lo más difícil en el manejo de la misma. Me decía:

«Enoc, ¿tú sabes qué es lo más complicado a la hora de trabajar o manejar una empresa?»

Yo pensaba en diferentes cosas, como por ejemplo: La calidad del producto, establecimiento de precios, estudio de mercado, posicionamiento de marca, etc.

Pero entre tantas cosas que pensé, le dije: «La verdad no sé».

Él me respondió: «Lo más difícil de sobrellevar en una empresa es el recurso humano. Es un reto trabajar con otras personas, porque todos tenemos una personalidad distinta, costumbres, hábitos, cultura, educación y valores diversos.»

Mi tío me estuvo explicando un poco más sobre el asunto y me vino a la mente una experiencia que viví:

Yo estuve varios años trabajando en una empresa coreana, en la cual pude conocer un poco sobre esa cultura laboral. Uno de los jefes para los que trabajé, era muy despectivo a la hora de llamarme la atención por algo; al grado que a veces me llegaba a sentir humillado y un bueno para nada.

La rigidez con la que mi jefe e incluso mi compañero de trabajo me trataban, en muchas ocasiones me sacaban lágrimas y esto venía acompañado de rabia contra mí mismo. Llegué a explotar de ira hacia mi propia persona, diciéndome que no servía y que era un inútil. Acompañado de esta ira, vino el odio y rechazo propio.

Pero, el tiempo me fue enseñando que a mí no me definían las palabras de mi jefe y mi compañero. Yo era más que eso, ¡MUCHO MÁS!

Reconocí que tengo una dignidad impresa en mí, que ni siquiera el más grande maltrato verbal de alguien, puede quitarme. Porque soy un ser humano, y eso ya me hace grande e invaluable.

Hoy en día, tengo la conciencia de que no soy perfecto, pero tampoco soy inútil. Mi valor y dignidad me pertenece, nadie me los puede quitar. El paso más importante que di con respecto a mi mismo, fue amarme y valorarme. De esta manera, las ofensas o insultos que puedan tener hacia mí, me resbalan; y más bien me generan compasión hacia aquella persona que actúa lastimando a otros. Porque eso quiere decir, que no es feliz y en medio de su amargura, busca amargar a otros para que se sientan igual.

Considero que la clave para ganarle a la ira ante quienes buscan provocarla, está primero en el amor propio, la aceptación de sí mismo y el reconocimiento de la dignidad, de la que se es poseedor. Porque a partir de allí, nadie podrá hacerte pensar que no vales.

Tampoco puedes permitir que pisoteen tu dignidad. A Jesús, cuando lo abofetearon en el Sanedrín, respondió: «Si he hablado mal, dime en qué ha sido. Y si no lo he hecho, ¿por qué me pegas?» (S. Juan 18, 23).

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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