Considero que uno de los grandes peligros en la vida, es caer en la postura de la soberbia y el orgullo; llegando a creer que uno se las sabe todas o que es más inteligente que el resto de las personas de alrededor.

Esto se antepone a la humildad y conlleva un gran obstáculo para sí mismo. Porque, si hay algo que tengo claro, es que todos nos equivocamos en algún momento. En ocasiones hay que desaprender teorías o perspectivas de vida que tienen alguna falla y reaprender.
Lo veo también en el proceso de ir formando la conciencia sobre lo que es moralmente correcto y lo que no lo es. Por ejemplo, vemos un personaje ficticio como lo es Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Tal vez, en su conciencia eso sería correcto, tomando esa frase que dice: «el fin justifica los medios». Sin embargo, en el proceso de la vida, en el que vamos formando, rectificando y mejorando la conciencia, podríamos resolver que al final, el robo no se justifica de ninguna manera, y sea cual sea el fin, es una mala acción.
¿A qué voy con todo esto? Que si yo estoy inmerso en la soberbia de creerme perfecto, no voy a ser capaz de reconocer cuando estoy haciendo algo mal; porque en mi falso sentido de perfección, voy a rehusarme a aceptar que yo pueda estar equivocado en algo.
El antídoto para reconocer que estoy ciego y que estoy haciendo algo mal, es la humildad. Porque la humildad me permite, en primera instancia, darme cuenta que no soy perfecto; que como todo ser humano, también puedo equivocarme. A partir de allí, se abren las posibilidades a que pueda aceptar mi error y corregir aquellas actitudes, perspectivas y comportamientos que no están bien.
