
Durante seis años trabajé en una empresa coreana como vendedor y asistente administrativo. En ese entonces, estaba muy novato en el ámbito profesional puesto que ese era mi primer trabajo.
Una de las cosas que más me costaba era llegar puntual a la oficina en la mañana. Mi hora de entrada era 8:30 a.m. Yo acostumbraba a dormirme tarde y en la mañana me costaba levantarme. Por lo general llegaba minutos después de la hora de entrada porque daba muchas vueltas en la cama.
Mi compañero coreano me llamaba la atención estrictamente y esto me causaba algo de intimidación; sin embargo, era como si él hablara con la pared, porque al día siguiente volvía a lo mismo. Así mismo se repetía el duro sermón de mi compañero.
Comencé a sentir miedo de tener que escuchar a mi compañero regañarme nuevamente y procuraba llegar más temprano, aunque a veces volvía a caer en lo mismo y recibía el acostumbrado jalón de orejas. De ahí en adelante, en los próximos trabajos que iba a tener, permanecía ese temor cuando iba tarde a la oficina, a tal punto que sentía que era algo de vida o muerte.
Hoy en día acostumbro a llegar muy temprano, aunque ocasionalmente, se me pegan las sábanas y llego rayando la hora. Sin embargo, voy ejercitándome en el proceso de superar ese pequeño trauma y susto que quedó de esa experiencia pasada.
Cada uno podrá tener uno que otro pequeño trauma causado por experiencias pasadas puntuales, sin embargo, a veces hay que ser consciente de que el pasado quedó atrás y hoy no va a ser igual que aquella vez.
Que el miedo no te detenga, sino que sea un incentivo para seguir adelante, enfrentarlo y poco a poco irlo superando.
