
Soy un explorador, que se lanza a la aventura de la experiencia, buscando escudriñar las emociones que surgen, en los distintos escenarios de la vida. De pronto, nacen reacciones incómodas, ante una decisión, un pensamiento o una circunstancia fortuita; me pregunto, ¿qué es esto que he sentido?
En ocasiones, salgo de mi zona de confort, no porque quiera, sino porque una fuerza exploradora en mí, se manifiesta para descubrir la raíz de mis pulsiones emocionales. Qué fácil sería mantenerse permanentemente en la zona cómoda, pero esto imposibilitaría a uno crecer y madurar.
La vida y el evangelio mismo, nos invita a incomodarnos de vez en cuando, porque solo así, descubriremos el origen de muchos estados vitales en nosotros, algunos en los que tenemos heridas por sanar, miedos por superar y desafíos que enfrentar.
Hay que ser valiente para hacer siempre lo correcto, aunque a veces, en este proceso de crecimiento, lo que creamos correcto, realmente no lo sea; pero las equivocaciones y errores, son parte de la vida. No vale la pena dejar de vivir y tomar acción, por miedo a equivocarnos. Tal vez, solo intentándolo puedas descubrir que aquello que creías bueno, realmente no lo es; y puedas así, poco a poco, ir enderezando esa conciencia torcida.
Atrévete a vivir, busca siempre actuar haciendo el bien, y si te equivocas, solamente, miralo como una oportunidad de aprendizaje, endereza el camino y corrige aquello en lo que te hayas equivocado. No pienses que equivocarse es igual a fracasar. El fracaso, es el error vestido de culpa. No te llenes de culpa, toma las fallas como una lección, enmienda los errores y, sigue adelante.
