TENGO UNA SUBIDITA

Lorena,

Tengo una subidita de ánimo, un pequeño disparo hacia las nubes, esperando pisar en firme sobre una de ellas, aunque el desenlace será la caída libre. Pero yo tengo paracaídas. Se siente bien esta subidita amiga. Es cierto, no me deja descansar del todo bien; sé, de todas formas, que es una etapa de mi circunstancia.

Amiga, no me vas a creer, estuve en un encuentro nacional de arte audiovisual. Lo que veía y las relaciones interpersonales que allí establecí, me subieron el ánimo de una forma patológica. Me causa gracia que antes me asustaba con cualquier signo de subida. Digo subida, porque la bajada era diferente, simplemente era un detenimiento de todo, para buscar el silencio del alma bajo un paisaje grisáceo.

Hace unos meses fui a Grecia y el cambio de horario me alteró el sueño. Súmale a esa alteración, la afectación de mi condición. Eso fue una verdadera escena de película. Estaba yo disparado en todos los sentidos, tratando de conciliar el sueño; sin embargo, la mente a mil por hora. Creo que en ese momento mi cerebro producía mil quinientos pensamientos por segundo.

Una de las cosas que he aprendido, Lorena, es a expresarme sin juzgarme a mi mismo. Sobre todo, practico esta exteriorización de pensamientos, a través de la escritura. Es un método eficaz para hacer mis auto terapias.

Bueno, eso es un poco de lo que a veces paso con mis estados de ánimo, por ejemplo, lo que estoy pasando ahorita. Y así es la vida mi querida Lorena. Me encanta esta vida y elegiría infinitamente la vida que tengo, si me dieran a elegir.

Con cariño,

Michael.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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