CRUZ Y DON

Durante mucho tiempo pensé que aquello era, algo así, como una maldición; algo que había surgido para desgraciar mi vida. Consecuentemente, vino un período de negación, estancamiento y frustración.

Había en mí, un fuerte deseo de que la situación cambiara o que todo acabara. Los niveles de angustia llegaban al máximo y, la carga se hacía insoportable (no porque no pudiera con ella, sino porque la rechazaba).

Después de diecinueve años transcurridos, he llegado a comprender que esto es parte de mí, y también he logrado entender, que no solo es una cruz, sino también un don. Allí radican mis talentos y mis pruebas. Todo se manifiesta en mi interior.

Que linda ha sido esa revelación de anoche: esta es mi cruz y a la vez, mi don. La aceptación y conclusión, ha sido producto de la manifestación de mi ser, sin hacer juicio de mí mismo. Dios va obrando en mi vida, como en cada persona. Lo importante es dejarlo ser en uno mismo, dejar que su Espíritu fluya y vaya consolidando su gran obra.

Gracias Dios, por hacer tu obra en mí cada día.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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