
Randell,
Volvió la calma, el mar se serenó, la tormenta cesó. En el ambiente hay un prolongado silencio que, mueve a la contemplación y meditación. La paz mental se avecinaba y, finalmente, ha llegado. No fue fácil y valió la pena.
Don y Cruz, son dos palabras que definen esa condición mixta de paz, tormenta y amplio flujo de creatividad dinámica. Gracias Randell por enseñarme, objetivamente, la finalidad de esa realidad.
Que bonita es la vida, cuando se identifica el por qué de algunas realidades presentes en la propia experiencia. Es evidente la promesa de la Palabra de Dios en Romanos 8, 28: «todo obra para bien de los que aman a Dios». Una promesa de la cual, soy testigo, puesto que lo he experimentado y comprobado.
Está claro que no es necesario entender las situaciones que se viven, para que esa promesa sea una realidad. Podría no entenderlo, pero la verdad sería la misma: que Dios tiene el control.
