Un cielo de estrellas

Miro a las estrellas y ¿qué veo? puntos brillantes, innumerables, que se expanden por todo el cielo. Reinante, entre ellas, está la luna, la estrella de la noche, cuya cercanía agita los mares.

Cielo estrellado, cielo habitado, por estas luces estelares que, con su brillo, crean un panorama pintoresco que invita a meditar en silencio, contemplando aquella pantalla espacial. 

La luz de una estrella es un punto de partida hacia la mirada serena y expectante, proveedora de una paz que habita el alma de quien la ve. Ven, estrella, muéstrame tu destello radiante, enséñame a observarte con el corazón suavemente latente. 

Estrella de la noche, desde un tejado, sentado y observante, te miro, soñando simultáneamente con alcanzar tu radiante presencia y volverme como tú, una estrella más de la noche, que brille e irradie luz de vida a los que se acerquen.

Cielo estrellado, cielo callado y contemplado bajo la luz de la estrella madre, aquella que agita las olas del mar con su cercanía, acércate a mí y envuélveme con tu tenue luz, abrazándome y transformándome en la luciérnaga de tu corazón celeste.

Así, querida estrella de la noche, me despido de ti, envolviéndome entre las sábanas de mi cama y contemplándote a través de mi ventana, hasta caer rendido en los brazos de mi dulce sueño.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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