
Aprovechando la oportunidad, te comento que vi a aquel joven distraído, como es de costumbre, caminando por la Vía Randall 14 de las afueras. Otra vez estaba mirando hacia arriba como arrebatado por los sueños que parecían surgir dentro de sí.
No había manera de hacerlo reaccionar, alguien lo saludaba de lejos y él, ni se enteraba de lo que sucedía en su entorno. Verdaderamente, este joven tenía que estar pensando en alguna persona, alguien lo tendría que haber elevado a una nube de encantamiento mágico.
La última vez que lo vi, me paré frente a él a propósito, de manera que, terminó tropezando conmigo; de pronto, como si hubiera despertado de un profundo sueño, me miró y me dijo:
«Disculpe, fue mi culpa».
Le dije que no había problema y me presenté. Le dije:
«Tengo una curiosidad, diariamente te veo caminar por aquí, viendo hacia arriba, con un rostro de ilusión, como si estuvieras soñando despierto y, me preocupa porque no estás pendiente de nada. Pienso que podría pasarte algo, un carro que te atropelle o alguien que aproveche tu despiste para robarte».
Todo esto lo decía con la intención de que me explicara qué era lo que pasaba por su cabeza. Me dijo:
«Ah sí, sí. Lo que pasa es que hay una mujer que se ha robado mi razón y me dejó con falta de cordura. Así que ahora no puedo pensar, más que vivir inmerso en la locura de la ilusión por volverla a ver, esperando que algún día, se compadezca y me regrese la razón que algún día tuve.
Me quedé pensando y analizando lo que me acababa de decir. Después continuó:
«El enamoramiento es algo muy curioso, surge cuando menos te lo esperas, dándote así mociones cuyo origen no conoces y de las cuales el destino es incierto. Te borra el horizonte que tenías frente a ti y, como si tuvieras ahora los ojos vendados, te lleva por caminos totalmente desconocidos. Al final, no sabrás lo que te espera, ni tampoco podrás predecir si será el sendero que Dios ha trazado para ti. Es complicado identificar ese sendero de Dios, porque, aunque dispongas tu voluntad a los pies del Creador, tu libertad está acompañada de emociones y sentimientos que pueden redirigir tus pasos por aquella ruta donde no existe la razón».
Después me preguntó:
¿Qué piensa usted de esto?
Después de unos segundos de procesar lo que me había dicho, le contesté:
«Estoy de acuerdo contigo sobre esa impredescibilidad del enamoramiento y no veo ninguna discordancia entre tu forma de pensar y la mía al respecto. Yo complementaría lo que me has dicho, diciéndote que, el enamoramiento es algo hermoso, es un sentimiento que te lleva por un espacio de tiempo, a un mundo de fantasías, en donde te sientes como en una película romántica, donde parece que todo va a llegar a buen término. Creo que es bueno vivir ese sentimiento con prudencia, sin dejarse llevar ciegamente por esos impulsos; porque esas inspiraciones enamoradizas, se le han adelantado a la razón, la han dejado rezagada. Por eso, hay que continuar tranquilamente dejando al enamoramiento fluir dentro de si, y esperar a que la razón le alcance, para entonces, conjuntamente, tomar una decisión apropiada. En conclusión y reafirmando lo mencionado, lo que pienso es que, has de vivir profundamente el enamoramiento dentro de ti, pero sin dejar salir sus impulsos, hasta que la razón lo alcance y puedas de forma completa, ver el panorama para decidir qué vas a hacer al respecto.
El chico se quedó mirando al vacío con profundidad en su mirada, y se notaba que estaba reflexionando detenidamente sobre lo que acababa de oír. Volvió la mirada hacia mí y solamente me dijo:
«Gracias, es lo que necesitaba escuchar».
