
Y aquí estoy yo, caminando sobre la cuerda floja, manteniendo el equilibrio en medio de dos vacíos; el de mi derecha que se traduce en pérdida de sentido de vida; y el de mi izquierda que representa el bloqueo mental.
Pérdida de sentido de vida y bloqueo mental. En medio de ellos está la serenidad del ser. Cada paso que doy sobre aquella cuerda que representa mis principios y mi fe, se convierte en una nueva puerta que se abre, para darme a elegir si quiero permanecer en el centro, o si prefiero saltar a alguno de los dos vacíos.
Hay factores que, de alguna manera y de forma natural, me mueven, con el riesgo de hacerme caer. Uno de ellos es el viento que significa las circunstancias que me rodean y estimulan mis sentidos y pensamientos. Para alguien que se vuelve tan ligero, aquel viento o incluso una suave brisa, podría fácilmente empujarlo hacia el vacío de la derecha.
También está la fatiga y cansancio, en medio de la ardua labor de mantener el balance; aquella fatiga está representada en la negación de la propia vida y circunstancias que toca enfrentar, un rechazo a la propia realidad, encerrándose en un ensimismamiento egocéntrico que, podrían hacer flaquear las piernas hasta caer en el vacío de la izquierda.
La vida se trata de mantener el equilibrio. Los extremos no son nada buenos. Para mantener la paz en la conciencia y el corazón latiendo en un ritmo de serenidad, es justo y necesario permanecer en la cuerda floja, bien centrado y con la mirada puesta hacia adelante, visualizando como horizonte a Aquel que te ha puesto ahí desde un principio, DIOS.
