
Me pregunto: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿qué quiere Dios en general? No me conformo con una respuesta teórica, quiero una respuesta que emerja desde lo más profundo de mi ser. Quiero escuchar esa voz viva de Dios en mi interior, que me hable con certeza y me diga: ¿qué es lo que Dios espera de mí? ¿Qué espera del mundo?
Escucho el mandamiento: amar a Dios y al prójimo, me parece muy bueno. Además de eso, quiero escuchar a Dios mismo decirme qué piensa hacer Él. Señor, te lo redacto en este artículo: estoy amando como lo pides en tu Palabra. Ahora dime, concretamente, ¿qué quieres de este hombre de edad adulta que ya está llegando dentro de cuatro años, a los cuarenta?
Padre, me regocijo tanto en dar amor, me causa un bienestar y un regocijo inmenso en mi corazón. Aún así, siento que es muy poco lo que he hecho. Tengo ahora mismo un desbordamiento interior, seguramente, causa de la hipomanía. De todas formas Señor, estoy aquí, con la intriga de lo que quieres para mí y a través de mí.
Te digo como Samuel: «HABLA SEÑOR, QUE TU SIERVO ESCUCHA».
