
¿Cuántas veces no me ha pasado que, involuntariamente, imagino una realidad que desearía experimentar y, no caigo en cuenta que ese suceso no podría suceder? Pero, en mi mente he asumido ese acontecimiento como si fuera algo que irremediablemente iba a pasar.
El tema en cuestión es que, mi actitud se manifiesta con un claro convencimiento de que lo visualizado ya es una verdad que ha de suceder, de una u otra forma.
Es interesante cómo trabaja el cerebro humano; claramente yo no entiendo prácticamente nada de su funcionamiento, o si entiendo algo, es lo más mínimo. Lo que sí me impresiona es que, muchas veces me he convencido con tal determinación, que una persona está pensando lo que yo preveo en mi cabeza, y lo afirmo internamente con una seguridad que, me hace tratarla con esa convicción. La mayoría de las veces me equivoqué y, consecuentemente, me llevé una desilusión.
Hoy en día, he aprendido que los pensamientos son solo pensamientos; no son la realidad. Ahora bien, los pensamientos son muy importantes en la vida, sobre todo cuando se trata de reflexionar y discernir, con base en, lo esencial de tu vida y responsabilidades vitales.
Algo que me llamó mucho la atención fue lo que escuché de un profesional que decía que, entre más pensamos, mejor funcionaremos en cuanto al desarrollo de nuestro proyecto de vida; y una de las cosas que más nos ayuda a pensar es leer mucho; claro está que, es importante seleccionar aquello que vamos a leer para asegurarnos que nos aporte algo que valga la pena.
En fin, he aprendido con el pasar del tiempo que, muchas veces, a los pensamientos hay que dejarlos ir y venir, sin dejarse elevar por ellos a las nubes, evitando así caer después y darse un fuerte golpe de decepción.
