
Creo que muchos problemas en mi interior se pueden resolver, si bajo al ego de su trono. El ego en sí, no me parece malo, siempre y cuando, ocupe su lugar. Pero si le doy rienda suelta a este, eso sí va a ser causa de muchos dolores de cabeza, conflictos con otras personas o simplemente de tiempo perdido.
¿No te ha pasado que has escuchado o estado en una conversación en la cual, las personas no se están escuchando, sino que en vez de haber un emisor y un receptor de información, hay simplemente dos emisores. Uno habla y el otro no escucha, simplemente espera su turno para hablar también. Al final, esa conversación no lleva a nada; porque tan solo hay un encuentro de dos egos que tratan, cada uno, de destacar.
A mí me encanta mi ego, pero estando en el lugar que tiene que estar, un lugar en donde no opaque a los demás, sino que se agache frente al prójimo. El amor adquiere sentido cuando es auténtico, es decir, que se proyecta una actitud de servicio sin querer imponerse sobre los demás. Jesús fue un claro ejemplo y, entre sus muchas demostraciones, lo leemos en el pasaje del lavado de los pies (Evangelio de Juan, 13), en el cual, siendo el maestro, se puso a lavar los pies de sus discípulos (acción que estaba reservada para los esclavos y las mujeres).
Así que, ¿te sientes frustrado/a contigo mismo/a o con la vida? Dale una miradita a tu interior, a ver cómo está ese ego, podría ser que por allí esté la raíz de muchos problemas.
