
Cuando me insultan u ofenden de alguna manera, lo que revuelve mis vísceras es el ego herido; pero, ¿qué pasa si el ego se queda dormido? Probablemente, esa ofensa pasará de largo, sin haber causado ningún malestar en mí. Claro, que algo me ofenda, independientemente de lo que sea, depende de cómo yo lo asuma; y si mi ego predomina, definitivamente que se va a formar un conflicto con el atacante.
Bueno, le doy un abrazo cariñoso a mi ego y le busco un asiento en la última fila. Siento en la primera fila al amor y la humildad. Vamos a ver cómo me va.
