
Hace mucho tiempo que no me sentía así de vulnerable. Tengo una sensación de gozo y paz al estar así; porque, es como si me hubiera quitado una coraza que tenía dos funciones: una, de protegerme contra cualquier ofensiva externa y la otra, que me impedía conectar efectivamente con otras personas.
Después de tanto tiempo bloqueando al corazón, siento un gran alivio de sentir dolor ante una mala expresión recibida, y de sentir alegría frente a una muestra de afecto cariñoso.
Que bello es ser humano, vivir con las emociones a flor de piel, sintiendo profundamente lo que la mente, el cuerpo y el alma manifiestan en cada momento.
Prefiero ser vulnerable, a ser una piedra en donde no penetra ninguna sensación afectiva. La consecuencia de cubrirse con una capa sólida el corazón, es que uno se puede ahogar en la propia indiferencia; tanto así, que uno se vuelve indiferente, no solo a la vida de otros, sino que incluso a sí mismo.
He vivido muchos años de mi vida siendo indiferente a mi propia existencia y al entorno; basando mi cotidianidad en la acción superficial frente a cualquier circunstancia.
Es curioso que, uno, inconsciente o conscientemente, a veces busca proteger el corazón, y lo que termina haciendo es construir una prisión individual en la que siembra y cosecha para sí, la soledad.
Hoy me alegro de sentirme vulnerable ante la vida y, asumo esta como venga, con la mejor disposición de recibir al porvenir con sus altas y bajas.
