Dispersamente productivo

Hace años mi mente solía estar muy dispersa entre miedos, preocupaciones y el afán de productividad en mis oficios. Recuerdo claramente momentos en los que tenía que hacer varias tareas y, aceleradamente, caminaba de un lugar a otro «haciendo las tareas»; pero cuando pasaba un rato, me daba cuenta que no había hecho prácticamente nada. Más había sido lo que había pensado en hacer que lo que realmente había logrado.

El miedo en ese entonces era el impulso para accionar frente a mis responsabilidades. Había un sentido de querer cumplir con todo y estar al día con mis deberes, pero lo que parecía para mí, haber dado resultado de eficiencia y eficacia, no era más que una vana ilusión. Cuando caía de esas nubes de ensoñación y ponía los pies sobre la tierra, me daba cuenta que simplemente había perdido el tiempo.

Descubrí que ese largo período de dispersión que experimenté, era producto de asuntos internos sin resolver; heridas sin sanar, preocupaciones por cosas inexistentes, pero que para mí eran reales. Vivir ensimismado no me permitía ver la realidad como era, conectar con los demás y por consiguiente, ser verdaderamente productivo.

Hoy en día vivo la diferencia entre aquel entonces y ahora. Puedo decir con conformidad que actualmente soy productivo; y lo que considero que me permite serlo, es que tengo serenidad, paz y las preocupaciones del pasado han sido resueltas.

Me falta un largo caminar de aprendizaje y maduración. Pero vivo feliz el proceso, con ganas de seguir aprendiendo y tropezando para levantarme y hacer cada día las cosas de mejor manera.

Para mí es sumamente importante y valioso vivir con ilusión y esperanza, estas herramientas me ayudan a meterle entusiasmo y ganas a la vida.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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