
¿Quién soy yo? Creo que esta simple pregunta no tiene una simple respuesta. Pero, ¿quién dijo que hay que tener una respuesta para cada pregunta? La verdad, no sé quién soy.
Lo que sí sé, es que confío en que Dios existe y es el responsable de que yo esté aquí hoy. Tengo la confianza plena en que Él está labrando el camino por el que voy andando.
No puedo ver el futuro, pero estoy plenamente convencido del cuidado amoroso de mi Creador y sé que el porvenir lo preveé Él. Cada vez confío más en esta creencia. Cada vez se confirma más mi fe.
¿Sonará con algo de orgullo o prepotencia tal vez? No me importa, así lo siento y lo pienso. Más bien me siento atrevido a la hora de pensar en Dios. Lo veo tan cercano y accesible; tan abierto para comprenderme y dirigir mis pasos; tan permisivo para educarme en libertad y sin condicionamientos; y tan recto para corregirme de una manera efectiva.
Dios es mi guía; sé que no tengo nada que temer ni de qué preocuparme. Sé que si sigo confiando en Él y dejando todo en sus Manos, Él mantendrá mis pisadas sobre terreno sólido.
Mientras más confío, más atrevido me vuelvo, mientras más me acerco a Él, más valiente me siento; mientras más lo miro, más especial me considero. Me siento tan amado por Él, que no me hace falta nada más. Tan solo suelto todo y le digo: «Señor, que se haga tu Voluntad».
DIOS es tan BUENO, tan BUENO, demasiado BUENO.
