Me permito estar triste

Me permito estar triste y ver las nubes grises en el cielo; me permito contemplar la lluvia tormentosa con truenos y relámpagos. No hace falta fingir que el día está bonito y soleado, simplemente prefiero verlo y aceptarlo tal cual es, agitado y descontrolado.

La tristeza es una de las tantas emociones que como humano he experimentado; cuando la tengo en mi mente y corazón, le abro la puerta y la abrazo como a un hermano. La paz y la tribulación son dos caras de una misma moneda; la tristeza y la alegría son los dos rostros de géminis. Una complementa a la otra, las dos forman un equilibrio emocional.

La alegría sin tristeza se vuelve euforia y manía; la tristeza sin alegría se transforma en depresión crónica. No es que tiene que faltar una de ellas para estar bien; sino que han de confluir ambas en la naturaleza del ser y el existir.

La vida se ve bonita con muchos matices de colores, pero también es bueno vivirla en la tonalidad del gris. ¿Por qué adorar la alegría y excluir a la tristeza de la vida? ¿Es que acaso una es buena y la otra mala? ¿O no será más bien que vivimos en una sociedad que tacha lo normal como algo anormal?

Creo en que es sano vivir las emociones asumiéndolas como vengan, canalizando su flujo con naturalidad y dejando que nuestra esencia humana se manifieste desde sus distintas perspectivas fisiológicas y psicológicas.

Permítete vivir la tristeza Enoc, así como te permites vivir la alegría. Verás que no te arrepentirás, porque cada una trae crecimiento y madurez para una mejor vida.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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