¿Qué sientes?

Psicóloga: ¿Qué sientes?

Paciente: Para empezar, esta madrugada me entró un malestar estomacal muy pronunciado. Me pareció curioso porque no comí nada que pudiera decir, fue causa de ello.

Psicóloga: ¿Crees que pudo ser por otra causa diferente a los alimentos que consumiste el día anterior?

Paciente: Hace aproximadamente diez años, me pasó algo similar, pero mucho peor. Me acosté sintiéndome de lo más normal, pero a las tres de la mañana me levanté con dolor de cabeza, malestar estomacal y náuseas, fue horrible.

Psicóloga: Y ¿sabes qué lo pudo ocasionar aquella vez?

Paciente: Sí, curiosamente, el día anterior, había terminado un retiro de novios, con la que en aquel entonces era mi novia. Ella y yo habíamos ido a ese retiro para hacer un discernimiento de por dónde iba la relación; y finalmente, quedamos claros en que ese no era mi proyecto de vida. Todo en mí, demostraba que no era lo que verdaderamente quería para mi porvenir, aunque me esforzara por que así fuera. Mi mente decía que sí, pero las respuestas fisiológicas y emocionales de mi cuerpo decían que no. Estuve prácticamente luchando contra mi mismo. Pero, al final del retiro, a pesar de que ella y yo quedamos claros de aquella realidad, decidimos mantener la relación de noviazgo. Curiosamente, en la madrugada del día siguiente, pasó eso que te conté.

Me levanté al día siguiente sintiéndome muy apesadumbrado y atribulado. Fui al trabajo y hablé con mis tíos, estaba totalmente abrumado y desconcertado. Ellos me dijeron que me tomara el día libre. Salí de allí y fui directo a la capilla de la iglesia a la que suelo ir. Me senté a rezar el rosario con mi cabeza llena de miedo y dudas. Mientras recitaba los Avemaría, decía al Señor que quería recuperar la paz que tenía tiempo atrás. En mitad del rezo me vino este pensamiento a la cabeza: «tengo que cortar con esa relación si quiero estar en paz». Me decidí determinantemente hacerlo y hablé con mi novia para encontrarnos en la noche. Así fue, nos encontramos y en privado estuvimos hablando, le manifesté mi determinación, ambos lloramos, ella por la relación que terminaba y yo, por verla tan triste de esa conclusión.

Esa fue la ocasión en la que viví un malestar físico parecido.

Psicóloga: Comprendo. Al parecer, como te mantenías en un estado de vida que no querías, tratando de engañarte de que en efecto ese era el camino que deseabas, tu cuerpo reaccionó ante tal contradicción existencial, con esa serie de malestares.

La pregunta ahora es, ¿estás viviendo algo similar ahora?

Paciente: Doctora, esto se trata de suposición, pero hoy simplemente me voy a ver con una amiga, no hay ningún plan ni indicio de ninguna de las dos partes, sobre una relación. Solamente se trata de pasar un rato compartiendo cuentos. Aunque le digo la verdad, percibo una atracción de ella hacia mí y no voy a negar que ella es bonita.

Ahora bien, no digo que esa sea la causa, pero haciendo relación de una cosa con otra, me pongo a pensar que podría tener algo que ver.

Psicóloga: Comprendo. ¿Verdaderamente quieres salir con esa amiga?

Paciente: Bueno, no quiero.

Psicóloga: Y ¿por qué vas a hacerlo?

Paciente: Porque lo prometí.

Psicóloga: Entonces considero ético y moralmente correcto que cumplas con el compromiso, aunque no quieras. Ahora bien, te queda de lección para pensar con la razón y el corazón, antes de comprometerte con algo.

Paciente: Es verdad doctora.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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