
Recuerdo un período en tiempo de pandemia, cuando trabajaba haciendo carreras de uber. Además de mi jornada regular, hacía acuerdos con amistades que necesitaban diariamente transporte hacia sus trabajos. Entre ellos había una chica con la que hice el acuerdo de recogerla todas las mañanas de la semana para llevarla, y en la tarde ir a recogerla para regresarla a su casa. Yo estaba soltero y ella me parecía atractiva, además de que nos conocíamos un poco, ya que coincidimos en una comunidad de la parroquia a la que aún hoy en día, suelo ir.
Me acuerdo que yo era muy soñador y me hacía grandes ilusiones en mi cabeza, suponiendo cosas que no eran reales. Entre ellas, veía como algo casi seguro que podría llegar a tener una relación con esa chica. Me propuse todas las mañanas, cuando la recogía, decirle que se veía hermosa. Al principio ella me agradecía, pero después, creo que de tanto hacerlo, se hastió, jajaja.
Recuerdo que un día le lleve un ramo de flores amarillas, con mi ilusión por las nubes, hasta que llegó el día en que claramente admitió que no tenía ningún deseo de entablar una relación conmigo, más que una simple amistad.
Cuando escuché eso, se me vino el mundo entero abajo, me desilusioné, no podía creer que lo que había imaginado como algo tan real, era una mentira. Recuerdo que eso me lo dijo uno de los últimos días que me correspondía llevarla.
Una cosa que he descubierto en mí, es que a veces me hago un mundo irreal en mi cabeza tan vívido, que requiere un esfuerzo aterrizar y darme cuenta que no es verdadero. La experiencia me ha servido para ser más diestro en eso y tomar conciencia con mayor rapidez.
Pero lo que quiero destacar es que aunado a esa ilusión que me he hecho en diversas ocasiones con diferentes personas, se genera en mí un apego emocional y psicológico que también he ido aprendiendo a manejar, a no dejarme llevar por él. Es un entrenamiento arduo ya que toda mi niñez y adolescencia, incluyendo gran parte de mi adultez, he sido así. Fácilmente me apego a las personas.
La práctica del desapego me permite disfrutar mayormente de las relaciones de amistad, sobre todo porque considero que el amor para que sea auténtico, ha de ser libre y sin condicionamientos, sin presiones ni imposiciones. Es una práctica que se ha vuelto un gran reto para mí, pero disfruto del proceso y cada vez voy manejando mejor en el asunto.
