
Dicen que en los momentos difíciles es cuando sale a relucir nuestra verdadera esencia; y en el interior puede haber negatividad y malintención o verdadera bondad y benevolencia.
Por otro lado, ese núcleo de la persona es difícil de descubrir cuando todo marcha bien, cuando la vida parece fácil. Recuerdo aquel pasaje bíblico en el que Jesús dice: «Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca.» (Mateo 15, 11). En otros textos habla de lo que sale del corazón.
Me llama la atención eso porque realmente hay una intención auténtica detrás de cada cosa que uno hace. Por ejemplo, cuando hago una obra a favor de alguien que necesita ayuda, lo que me define no es la acción en sí, sino con qué propósito lo hago; ¿lo hago para ser visto como alguien bueno o lo hago porque verdaderamente quiero ayudar a esa persona sin buscar ningún reconocimiento ni tan siquiera ser visto?
Allí está la clave de mis acciones y comportamientos, en lo que sale del corazón; procurar hacer el bien de forma anónima si es posible, «que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda», como dice la Palabra. Hagamos el bien y no miremos a quién, pero tampoco busquemos que nos miren por ello. Esa es mi opinión.
Por otra parte, cerrando la primera idea, cuando las cosas parecen ir en contra mía, me entra la ansiedad, comienzo a dudar, me cuesta levantarme de la cama; surge un instinto de supervivencia que podría llevarse por delante la buena educación y el corazón se acelera levemente; hay dolor de cabeza; se siente más calor de lo normal, pareciera que las personas la tienen contra uno. En fin, la vida parece ser un caos desde la perspectiva propia.
Pero es en ese momento en el que hace falta hacer un alto para reflexionar en el silencio, orar a Dios con calma y ver el panorama completo de lo que está sucediendo. Quitando entonces aquel instinto de supervivencia primitivo, entra a trabajar el uso de la razón. Entonces los valores salen a flote, permitiendo que aún en medio de la crisis, se opte por cuidar el corazón de uno y de los demás, poniendo al amor por encima de todo. Amor a Dios y al prójimo como a sí mismo.
