¿A quién engaño?

No puedo estar mal; mi conciencia y todo mi ser se resiste a estar mal. No puedo mantener la postura cuando estoy desviado del camino.

Intenté elegir el mal, pero el mismo mal me rechazó, me escupió de la boca y me devolvió adonde pertenezco, al bien.

El bien me recibió, me abrazó, sanó mis heridas y me devolvió la paz.

No puedo estar mal, por más que lo intente; no puedo estar mal.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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