
He estado levantándome a las 4:30 a.m. con la finalidad de sentarme a rezar los veinte misterios del rosario. Tenía una motivación puntual que me daba la fuerza para despegarme de la cama prácticamente con la activación de la alarma.
Esa motivación se esfumó, pero tengo la determinación y voluntad para seguir haciéndolo aunque mi cuerpo no quiera; aunque mi ánimo no de para ello. Sé que ahora va a ser más difícil. Pero creo que tengo que seguir con mi rutina de rezo matutino y vespertino.
Hay una fuerza en mi interior que me está impulsando a seguir con ese hábito. Algo me dice que ese va a ser el medio por el cual Dios me irá descubriendo el camino auténtico; mi sentido y propósito en la vida.
