
Este sentimiento es un impulso que despierta en mí un deseo carnal que me invita a dejarme llevar por mis instintos primitivos, haciendo que pierda la razón y traicione mis principios y a mi conciencia.
A primera vista se ve como una oferta atractiva, prometedora que llenará los deseos de la pasión corporal y sentimental. Pero en la medida que voy entrando en ese ámbito, las otras dimensiones, las del alma, se van deteriorando y frustrando.
Esto causa una sensación mixta: «el gusto emocional y físico vs. la turbación existencial». Es una contradicción del ser, un choque de dos realidades que provocan el caos interior.
Han sido varias las ocasiones en las que he aceptado la oferta y me he metido de lleno en área restringida. Las consecuencias, en absolutamente todos los casos, han sido nefastas.
En cada uno de los siguientes intentos, iba justificando las relaciones anteriores, diciendo que la tribulación era porque no tenía la madurez para llevar la relación como debía ser, pero que en la nueva oportunidad, estaba preparado para sobrellevar el vínculo y ahora sí iba a funcionar.
Ya no hay tela de duda sobre la realidad. No fui creado para esa opción de vida, aunque sea un poco triste y difícil admitirlo; el último caso ha sido la advertencia definitiva para dejar de insistir en una alternativa que no funciona.
Ahora la pregunta es: «¿Cuál es la opción de vida para la que fui creado?»
